Si hay una ciudad que visitar en el norte de Alemania, es esta. Os la recomiendo una, y mil veces.

Resulta curioso el hecho de que la capital de estado más pequeña de Alemania, con tan solo 96.000 habitantes, sea algo tan impresionante. Es llamada como la ciudad de los siete lagos, y no en vano ya que los alemanes la denominan como la Venecia del Norte.

Lo primero que nos llama la atención al llegar a la ciudad es la inmensidad de sus paisajes. Los bosques y edificios a las orillas del Schweringer See, uno de los lagos más grandes de Alemania, nos dan una sensación de limpieza, calidez, luminosidad y encanto. La ciudad es una perfecta mezcla entre naturaleza y arquitectura. De 130,46 kms cuadrados de área urbana, el 28,9% es agua y el 18,5% lo cubren bosques.

Históricamente, ya se tiene constancia en documentos del siglo X de la existencia de un “castillo en medio de un lago”. Pero no es hasta el siglo XII cuando se tiene certeza de la fundación de la ciudad y la construcción del castillo en 1.160 mediante un proceso de germanización que se estaba llevando a cabo en ese momento. Tras la extinción de la dinastía Gunzelin, el condado de Schwerin pasó al ducado de Mecklenburgo en 1.358, algo que duró VI siglos, exceptuando solamente el periodo comprendido entre 1.765 y 1.837 cuando los duques de Schwerin trasladaron su corte a Ludwigslust.

A lo largo del siglo XVI y XVII Schwerin fue pasando por diferentes duques como Enrique IV o Magnus II, el cual pensaba enlazar los ríos Elba y Elde con el lago Schweriner See y la ciudad de Wismar. Una locura. Pero consiguió que la ciudad viviera su época de oro, erigiéndose el edificio más antiguo que se conserva hasta la fecha, la Grosses Neues Haus, “la gran casa nueva”.

A mediados del siglo XVI se sucedieron varios incendios que destruyeron gran parte de la ciudad,  momento en el que se decidió volver a reconstruirla con casas de piedra para reducir el peligro de nuevos incendios. Algo muy avanzado para la época.

El siglo XVIII fue de constante ampliación. Se construyó el barrio de Schelfstadt, se estableció el cementerio de los judíos (que volvían a tener derecho a vivir en la ciudad), se erigió el edificio de la Cámara Municipal del barrio Neustadt, se trató de establecer empresas comerciales e industriales y, activar la economía. Como dato curioso, en 1.752 la ciudad contaba ya con 200 faroles alumbrando las calles de Schwerin.

Durante el siglo XIX y la República de Weimar, cambió completamente el panorama y el concepto que se tenía de la ciudad, abandonando su carácter medieval. Las fortificaciones ya no eran necesarias y por lo tanto se fueron eliminando. Las casas evolucionaron y se sustituyeron por casas de paredes entramadas. El número de judíos creció. Se construyó el teatro Schauspielhaus y la caballeriza de Schwerin. La evolución llegó a tal punto que incluso se llegó a construir en el norte de Schwerin el primer hospital para enfermos mentales en el norte de Alemania, encabezado por científicos.

Llegado el momento, en este gran proceso de construcciones y avances en la ciudad, se llegó a la conclusión de que hacía falta algo que la hiciera aún más especial y majestuosa de lo que es. Por lo tanto, en 1837 se decidió construir un nuevo castillo, sustituyendo el anterior que en tan malas condiciones se encontraba. Los planos se trazaron por el arquitecto Georg Adolf Demmler, Gottfried Semper y Friedrich August Stüler inspirándose en castillos renacentistas franceses, concretamente, en las torrecillas del Chateau Chambord¹. En 1.857, el castillo ya tenía su imagen actual. Una imagen, de palacio medieval.

El Palacio, emblema de la ciudad, el Neuschwanstein del Norte,  apareció en el siglo X, pero no fue hasta el siglo XII cuando se convirtió en el objetivo de los germanos. Fue a lo largo de su Historia la residencia de los duques de Mecklenburgo, siendo una de las construcciones más relevantes de la arquitectura historicista del siglo XIX en Europa. Nos recuerda a primera vista, como dijo mi amiga Patricia, a “un castillo de cuento de hadas y princesas”. Era la residencia de los duques de Mecklenburgo-Schwerin, que le dieron su aspecto actual para que emanara poder y solemnidad. En resumen, se quiso dejar patente, que el palacio era la residencia de una dinastía de príncipes con varios siglos de historia.

El corazón del palacio es la sala del trono, que decorada con motivos dorados, constituye una exhibición más del poder bucal. También hay que destacar la Speisezimmer (salón comedor), la Audienzzimmer (Sala de Audiencias), la Ahnengalerie, o galería de los antepasados y la Kinderzimmer (estancias infantiles) donde es encuentra una colección de porcelana impresionante. El resto de la isla lo ocupan los jardines del castillo imitando el estilo inglés.

Los príncipes vivían en el palacio, y justo al lado levantaron una dependencia del gobierno. Hoy, es la residencia oficial del primer ministro de Mecklenburgo – Pomerania occidental, la Schlossstrasse, o calle del Castillo.

Enfrente está el teatro estatal de estilo neobarroco. En 1953 se creó en Schwerin una Academia de teatro que se considera la primera escuela alemana de interpretación.

El conjunto histórico del palacio, también incluye un museo, o el denominado en alemán como Staatliches Museum. Los duques reunieron bajo un solo techo todas las joyas de sus colecciones de arte. Hoy, el museo es conocido sobre todo por ser una de las mejores colecciones del mundo de pintura holandesa y flamenca del siglo XVII con sus máximos representantes: Rembrandt, Brueghel el Viejo, Rubens o Frans Hals.

El Altes Palais, o Palacio Viejo, cerrando ese círculo, es un edificio impresionante de dos plantas construído a finales del siglo XVIII.

Si vamos subiendo la calle del palacio, junto con la calle de Puschkinstrasse, se conforma el centro de la ciudad. A lo largo de estas calles nos encontramos edificios, casas y palacetes señoriales de los siglos XVIII y XIX que siguen dando esa sensación de poder, estabilidad y riqueza.

Llegando a la Markplatz o Plaza del Mercado destacamos, además de la catedral, el Ayuntamiento, las casas de los alrededores con sus impresionantes frontones y el Monumento del León. El ayuntamiento es de origen medieval, aunque reconstruído en más de una ocasión contando en la actualidad, con una fachada neogótica.

La catedral de Schwerin, único edificio medieval que quedó en pie, tiene un estilo romántico que enamora a primera vista. Junto con la Iglesia de Santa María de Lubeca, la catedral de Schwerin es uno de los grandes ejemplos de ese estilo de ladrillo gótico que ya vimos en nuestro viaje a Lübeck. Fue construída entre los siglos XIII y XV. Desde la plataforma mirador de la torre, con sus 117 metros de altura, y construída a finales del siglo XIX, se tiene una vista fantástica de toda la ciudad y sus alrededores siendo además, la torre de iglesia más alta en el estado federal de Mecklenburgo-Pomerania Occidental. Hoy, es la sede del obispo de la Iglesia Evangélica Luterana de Mecklenburgo.

En el interior podemos encontrarnos, según cuenta la Historia, una reliquia traída por el conde Enrique de Schwerin en 1.222 al volver de una de las cruzadas: un relicario de la Santa Sangre, es decir, una presunta gota de la sangre de Cristo contenida en una joya. Esta reliquia tuvo un efecto automático. La catedral se convirtió enseguida en lugar de peregrinación àra miles de personas.

El caso antiguo de Schwerin, fue abandonado a su suerte durante la era comunista. Hoy en día es un lujo pasear entre sus calles y disfrutar de los pequeños detalles que nos regala esta ciudad. No hay, ni una sola fachada que sea igual.

Muy cerca se extiende en pleno centro el lago Pfaffenteich, “el estanque de los sacerdotes” ,que fue construído para suministrar energía a los molinos medievales de agua que se encontraban en época medieval en los alrededores. Es uno de los 12 lagos que hay dentro del área urbana.

Por la cantidad de agua que tiene la ciudad, motivó a los ciudadanos de Schwerin hace 20 años de introducir un  nuevo deporte acuático: una variedad del remo originaria de china. Schwerin es el centro por excelencia de las regatas de remo con barco dragón en Alemania. Uno de los mejores lugares para practicar este deporte es este lago ya que los espectadores pueden situarse alrededor y admirar el espectáculo acuático. En cada bote caben 30 tripulantes. Las regatas pueden ser de 250 metros hasta de 2 km y una vez al año se disputa en Schwerin una regata internacional donde participan regatistas de todo el mundo. Un auténtico espectáculo.

Ahora bien, subiendo por Schelfmark, centro del barrio de Schelfstadt, el barrio más moderno de la ciudad, nos encontramos con unas vistas impresionantes de la iglesia barroca de San Nicolás, construída a principos del siglo XVIII. Algo que resalta bastante a la vista teniendo en cuenta que cada paso que damos alejándonos de la iglesia, vamos encontrándonos edificios cada vez más nuevos. Es bastante curioso poder admirar este contraste de arquitecturas en un espacio tan pequeño.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Schwerin se encontraba bajo la zona de ocupación soviética pero hoy en día, predominan industrias como la alimentaria, ingeniería mecánica o empresas del sector médico. Además, en Schwerin se producen parte de las piezas para Airbus.

El Palacio, acoge el Parlamento del estado Federal y en cuanto al turismo, no creo que haya nadie que no quede impresionado de la capital más pequeña de Alemania. 

 


Y como de costumbre, os dejamos aquí los enlaces para que podaís ver el video sobre Schwerin en mi canal de YouTube, además de la ruta que seguí por Wikiloc. La ruta de Wikiloc está grabada en coche, pero es bueno que le echéis un vistazo ya que aparco en una zona en la que no hace falta pagar ticket de aparcamiento y está relativamente cerca del castillo y sus zonas verdes. Merece la pena.

1- Si queréis ver fotos del Castillo de Chambord y su fascinante construcción arquitectónica os dejo este enlace por aquí para ver fotos libres de derechos de autor: Castillo de Chambord

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puede que también te guste...